Pero, si nos paramos a observar el Portal de Belén (elemento decorativo clásico de la tradición religiosa cristiana) podemos comprobar que no ha perdido nada de su contenido simbólico, que está vivo y que es perfectamente compatible con una visión taoísta de la realidad en la que todo se produce por la interacción de los opuestos Yin-Yang.
Así, tenemos al Cielo, Chi’en, es el principio creativo Yang (la mente), ilimitado y vacío, contiene en sí mismo todas las posibilidades. Está representado por la gruta, la cavidad.
La Tierra, K’un, es el principio receptivo Yin (la materia), es la materialización de lo posible en formas concretas. Está representado por todas las figuras.
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